Aguascalientes. Y la casa de Aida.
Por Alejandra Zúñiga R. Cuando me convencí de ir a Aguascalientes, sabía que tampoco sería fácil hacerme de un trabajo. Así que prácticamente iba resignada a ser ama de casa y quizás ayudarle a mis sobrinos con sus tareas escolares. Pero resultó, que mi sobrino el mayor, ya era casi un adulto. Él, de los ocho años a los quince, había vivido con su padre, y tendría un par de años viviendo con su mamá. Algunos días después de mi llegada, tuvieron una fuerte discusión mi hermana y mi sobrino, y éste último decidió regresar a la Ciudad de México. Mi sobrino el menor, ya estaba en secundaría, y aunque iba un poco mal en matemáticas, en realidad no necesitaba mucha ayuda. Mi hermana, quería hacerme sentir bien, y no me dejó hacer quehacer en casa, pues decía que no quería que me sintiera como si fuera sirvienta. Me aboque entonces a la búsqueda de trabajo. Fue desolador, aunque fue interesante, ser ahora discriminada por ser chilanga, oriunda de la ciudad de Méx...